
Más de diez, más, muchos más.
Cuando aún no era internet lo que es, cuando si decían email mirabas raro,
cuando incluso Java no sonaba ni a isla tan siquiera,
cuando el Windows era un ventana en ingés,
cuando una ventana en fósforo verde de un Amstrad 6128CPC era un “adelanto” frente a mi exprimido Sinclair Spectrum,
cuando tirarte 10 interminables minutos esperando a que un juego cargara era aceptable y deseado,
cuando programar no consistía en modelar clases y objetos, polimorfimos o herencias, estilos y capas de negocio,
cuando para quedar con tus amigos los llamabas desde el teléfono de tu casa,
cuando pasabas las tardes aporreando los teclados -de membra frágil!- con un plato de galletas cerca,
cuando intercambiabas cassettes con tus amigos y copiabas los juegos en la minicadena de casa,
cuando un poco más adelante decidías hacerte tus propios programas,
cuando no imaginabas que el ordenador iba a ser fundamental en tu vida.
Mira tú, y ahora, casí dependo de él.
Esperemos que ocurra algo similar con la fotografía…





